El año pasado pasado fue mi primera experiencia como maestra. En realidad tenía mucha presión encima ya que nunca antes había estado desde esa perspectiva en un aula y menos teniendo contenidos por delante que los niños tienen que aprender mediante tus dotes como maestro.
Poco a poco fui soltándome más e intentando tener ideas para llevarlas a la clase con mis nuevos alumnos. Empecé imitando la manera de dar clase d mi tutora de prácticas hasta que tuve más autonomía y me veía capaz de traer nuevas actividades.
Llevé cuentos, historias, juegos... Se me ocurrían muchísimas cosas que no se me habrían ocurrido de no ser porque estaba haciendo lo que más me gustaba. Intentaba trabajar todos los contenidos mediante actividades prácticas, les hice pensar que ellos eran cuenta cuentos, participaron en un libro. Pudieron sentirse como escritores creando juntos una historia que luego resultó ser un disparate pero disfrutamos muchísimo leyéndola y pasando un buen rato todos juntos. En definitiva, la creatividad que tanto me agobiaba por no saber donde encontrarla para que todo fuese todo mucho más dinámico, la encontré siendo consciente de que todo eso venía solo porque siempre encontramos tiempo en aquello en lo que tenemos interés y queremos trabajar.
Todo llega a su tiempo si sabemos tener paciencia y esperar, porque cuanto más nos obsesionamos en algo, más difícil será encontrar esa inspiración.

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